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** Oración "Padre Moldéame, Repárame, Hazme mejor cada día"








Cuántas cosas bellas puede hacer DIOS con nosotros si tan solo le dijéramos: 

"Padre, moldéame, repárame, hazme mejor cada día, ayúdame a ser un poco como Jesús , enséñame a ser un poco como María, lima mis asperezas, dale brillo a todo lo que opaca mi Espíritu, déjame derramar un poco de tu Luz, limpia las impurezas de mi alma, saca de mí lo que me estorba, lo que no me deja crecer, aparta de mí lo que me hace daño, hazme un instrumento de tu Amor".



Él es nuestro ALFARERO, el "barro" somos nosotros y estamos en sus divinas Manos. 

Qué maravilla es confiarle nuestro ser, nuestra vida y continuar diciéndole: 

"Padre, aquí están mis ojos, déjame ver lo que Tú quieres mostrarme, quiero ver tu Rostro Señor, en los niños, en los pobres, en la naturaleza, en donde Tú quieras mostrármelo... Aquí también están mis oídos, permíteme escuchar tus Palabras, que ellas resuenen en mi corazón como bella música... Aquí están mis labios, habla por mí, entra y toma posesión de mi ser para que seas Tú quien lleve a otros la alegría, la paz, el consuelo, la esperanza. "



Ejercitemos nuestra FE. Lancémonos a los brazos de la Santísima Trinidad, tal y como lo hacen los bebés cuando quieren caminar y se lanzan a los brazos de sus padres.

Cuántas cosas bellas puede hacer DIOS con nosotros, no cabe duda, hagamos una pausa y terminemos diciendo: 

"Padre, haz de mí lo que Tú quieras, sé que en Tus Manos tendré la Fuerza y la Paz que necesito para llevar a mi familia y amigos. Jesús, enséñame a caminar a tu lado, llévame en tus manos como un VASO NUEVO recién pulido, totalmente renovado, dispuesto a servirte y seguirte. Espíritu Santo, Espíritu de Amor, Espíritu de Paz, lléname de ti !!! ".

Oly Sawyer ♥






** Jesús calma la Tempestad: Reflexión sobre los Miedos











Recordemos aquella escena donde los discípulos estaban en la barca y llegó la tempestad, entonces vieron a Jesús caminar en las aguas y tuvieron Miedo.

Pero Jesús les mostró que era Él y Pedro quiso caminar en las aguas, sin embargo tuvo temor y perdió la fe.
Pero Jesús le dijo: ¿Por qué tuviste temor?









***** Ésto también pasará




Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:
- Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.

Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total...






Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.

El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:

-No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje –el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas –le dijo- manténlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación-



Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino...

De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso:
Simplemente decía “ÉSTO TAMBIÉN PASARÁ”.

Mientras leía “ésto también pasará” sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.

El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.



El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:

-Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.

-¿Qué quieres decir? –preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.

-Escucha –dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.

Entonces el anciano le dijo:

-Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.










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** 13 LÍNEAS PARA VIVIR... de Gabriel García Márquez









13 LÍNEAS PARA VIVIR !...
Bellas palabras del gran Gabriel García Márquez-- consejos que deben compartirse !
Envíalo a las personas que por alguna razón son tus amigos, aunque no los veas siempre, aunque no les hables siempre, pues recuerda:  
"TODO LO QUE SUCEDE, SUCEDE POR UNA RAZÓN"



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** DIOS a veces nos mete en aguas turbulentas....-








DIOS a veces nos mete 
en aguas turbulentas,
no para ahogarnos,
sino para limpiarnos".
Salmo 119:75


"Cuando vienen las Olas"

Un niño se hizo un barquito de madera y salió a probarlo en el lago, pero sin darse cuenta, el botecito, impulsado por un ligero viento, fue mas allá de su alcance. Apenado corrió a pedir ayuda a un muchacho mayor que se hallaba cerca, para que le ayudara en su apuro. Sin decir nada, el muchacho mayor empezó a coger piedras y echarlas, al parecer en contra del barquito.

El pequeño pensó que nunca tendría su bote otra vez y que el muchacho grande se estaba burlando de él, hasta que se dio cuenta que en vez de tocar el bote, cada piedra iba un poco mas allá de éste y originaba una pequeña ola que hacía retroceder el barco hasta la orilla.

Cada piedra estaba calculada. Por último, el juguete fue traído al alcance del niño pequeño, quien quedó contento y agradecido con la posesión de su pequeño tesoro.


A veces ocurren cosas en nuestra vida que parecen desagradables, sin sentido ni plan; pero si esperamos un poco nos daremos cuenta de que cada prueba, cada tribulación, es como una piedra arrojada sobre las quietas aguas de nuestra vida, que nos trae más cerca de Dios.








** Pon todo lo que hagas en las Manos de Dios









Pon tus pendientes, tus preocupaciones, tus deberes, tus obligaciones, tu trabajo, tu familia, tus inquietudes, en las Manos de Dios, y verás que dará respuesta y atención especializada a tu pedido. Él es así. Antes de que tú pidas algo, Él ya está al pendiente de ti, por qué? Simplemente porque te ama y le perteneces.


Así como cuando vamos a un relojero y dejamos nuestro reloj para reparar, a poco nos preocupamos de si lo va a arreglar bien o mal?? No lo hacemos. Confiamos que se hará un buen trabajo y volveremos luego simplemente a recogerlo y a pagar por el servicio. Con nuestro Padre Dios ni siquiera hay cuota, ni siquiera tiene tarifa especial para ti... Él sólo pide tu confianza, tu amor... y que voltees los ojos hacia Él.

"Pon todo en Sus Manos y tus planes tendrán éxito".
Proverbios 16:3

No te sueltes de Su Mano, confía! Dios está contigo!

Oly Sawyer
♥♥♥